El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

jugado con nosotras; pero hace ya mucho tiempo que nos dejó, pues tenía ganas de ir a una pradera cercana y coger algunas flores para hacer una guirnalda. Eso ocurrió muy temprano, y no la hemos vuelto a ver desde entonces. Antes de que las ninfas terminaran de contarle lo sucedido, la madre Ceres empezó a recorrer toda la comarca indagando lo que podía haber ocurrido. Pero nadie le supo dar la menor pista para averiguar qué había pasado con Proserpina; es cierto que un pescador había reconocido las huellas de sus pequeños pies en la arena, cuando volvía a casa por la playa con su cesta; un campesino la había visto co- giendo flores; varias personas habían oído el traqueteo de las ruedas del carruaje y lejanos truenos; y una anciana señora había oído un grito mientras cogía verbena y otras hierbas, pero pensó que era algún niño haciendo ton- terías, y ni se molestó en alzar la cabeza. ¡Qué gente más estúpida! Tardaron tanto en

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