El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
para ver qué ha sido de la madre Ceres desde que se vio privada de su hija. Recordaréis que la vimos por última vez medio escondida entre las espigas mecidas por el viento, mientras los cuatro corceles negros pa- saban a toda velocidad, arrastrando el carrua- je de oro en el que su muy amada Proserpina había sido raptada. Supongo que tampoco habréis olvidado el pro- fundo alarido que dio Proserpina cuando el ca- rruaje se perdió de vista. De todos los lamentos de la niña, este último grito fue el único que llegó a los oídos de la madre Ceres. Había confundido el ruido de las ruedas del carruaje con el retumbar de un trueno, imaginando que se acercaba un fuerte aguacero, que la ayudaría a hacer crecer el maíz. Sin embargo, al oír el chillido de Proser- pina, se sobresaltó y miró a un lado y otro, pues, aunque no sabía muy bien de dónde provenía, tenía el convencimiento de que se trataba de la voz de su hija. Parecía de todos
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