El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
encantado. Plutón reunió entonces a sus servidores, y or- denó que prepararan sin pérdida de tiempo el más suculento de los banquetes, sin olvidarse (y eso era lo más importante) de poner una copa dorada con agua del Leteo junto al plato de Proserpina. -No pienso beber nada -dijo Proserpina-. Y tampoco probaré bocado, aunque me reten- gas toda la vida en tu palacio. -Sentiría mucho que no lo hicieras -replicó el rey Plutón, acariciando su mejilla; y es que realmente deseaba ser amable, a pesar de no saber muy bien cómo hacerlo-. Me parece que eres una niña muy mimada, pequeña Proserpi- na. Sin embargo, cuando veas la mesa llena de deliciosas viandas, se te abrirá enseguida el apetito. Entonces mandó llamar al cocinero jefe y le dio instrucciones muy precisas para que pre- parara todo tipo de exquisitos manjares (de
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