El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
todos los colores, que parecían arder como otras tantas lámparas, aunque con un resplan- dor cien veces más intenso, dando luminosi- dad a la espaciosa estancia. Y, sin embargo, había algo tenebroso en aquella luz encanta- da. La verdad es que en aquel salón no había ni un solo objeto que pudiera considerarse agradable, excepto la pequeña Proserpina, una criatura encantadora, que llevaba en la mano una de las flores que había cogido mien- tras paseaba por el campo (quizá la única que no se le había caído del delantal). En mi humil- de opinión, el rey Plutón nunca había sido feliz en su palacio, y ese era el verdadero motivo por el que había raptado a Proserpina; pues necesitaba amar a alguien, y no quería seguir engañando más tiempo a su pobre corazón con aquella agotadora magnificencia que le ro- deaba. Y, aunque afirmaba detestar el sol del mundo superior, la presencia de la niña, aun- que algo ensombrecida por sus lágrimas, era como si uno de sus rayos, algo débil y desvaí- do, se hubiera abierto camino hacia el palacio
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx