El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
simple trago hace olvidar a los seres humanos las preocupaciones y penas que les atormen- tan. Solo un sorbito, querida Proserpina, y de- jarás de sentir pena por tu madre; no quedará el menor rastro de ella en tu memoria que te impida ser feliz en mi palacio. En cuanto lle- guemos, ordenaré que te traigan un poco en una copa de oro. -¡Oh, no, no, no! -gritó Proserpina, echándose a llorar de nuevo-. Preferiría mil veces ser des- graciada recordando a mi madre que ser feliz olvidándola. ¡Esa madre tan buena! Nunca, nunca la olvidaré. -Eso ya lo veremos -exclamó Plutón-. No sabes cuánto nos vamos a divertir en mi palacio. Solo estamos en la puerta. Esas columnas son de oro macizo, te lo aseguro. Apeándose del carruaje, cogió en brazos a Pro- serpina y subió con ella por una gran escalina- ta que llevaba al salón más importante de pa- lacio. Estaba espléndidamente iluminado por medio de un juego de piedras preciosas de
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