El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tuvo el carruaje entre las altas y macizas co- lumnas de la puerta de entrada. El mastín se puso en pie, alzándose sobre las patas trase- ras, con el fin de situar las delanteras sobre la rueda del carruaje. Pero ¡madre mía! ¡Qué perro más extraño! Era un monstruo horrible, enorme y de aspecto salva- je, con tres cabezas independientes, cada una de ellas más fiera que las otras dos; pero, a pesar de su ferocidad, el rey Plutón las acarició una por una. Parecía sentir tanto cariño por el perro de tres cabezas como si se tratara de un perrillo de aguas, con sedosas orejas y pelo ri- zado. Era evidente que también Cerbero se alegraba de volver a ver a su dueño, y expresa- ba su cariño, como hacen otros perros, mo- viendo el rabo a gran velocidad. Pero los ojos de Proserpina, al fijarse en aquel enérgico mo- vimiento, observaron que se trataba de un dragón vivo y coleando, con ojos muy fieros y colmillos venenosos. Y mientras Cerbero con sus tres cabezas seguía haciéndole fiestas y cu- camonas al rey Plutón, el dragón-cola conti-

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