El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

decía, tratando de suavizar su ronca voz-. Te prometo que no sufrirás ningún daño. Pero ¿qué veo? ¿Has cogido flores? Espera a que lleguemos a mi palacio y te regalaré un jardín lleno de flores mucho más hermosas, fabrica- das con perlas, diamantes y rubíes. ¿No sabes quién soy? Me llaman Plutón; y soy el rey de los diamantes y demás piedras preciosas. Cada átomo de oro y plata que se esconde bajo la tierra me pertenece, por no hablar del cobre y del hierro, y de las minas de carbón, que me abastecen de carburante. ¿Ves esta espléndida corona que llevo en la cabeza? Te la dejo, para que juegues con ella. Ya verás, cuando salgamos de este sol insopor- table, podremos ser buenos amigos, y te ase- guro que me encontrarás más simpático de lo que crees. -¡Déjame ir a casa! -le rogó Proserpina-. ¡Déja- me ir a casa! -Pero mi casa es mucho mejor que la de tu

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