El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

daba a los cascos de los caballos y al traqueteo de un carruaje. Demasiado asustada para salir corriendo, se esforzó por adivinar lo que había en aquel hueco; y pronto vislumbró un tiro con cuatro caballos negros, que resoplaban mientras ascendían a través de las entrañas de la tierra, arrastrando un espléndido carruaje dorado. Y no tardaron en saltar fuera de aquel agujero sin fondo, sacudiendo sus oscuras cri- nes, agitando sus negras colas y haciendo ele- gantes cabriolas, muy cerca del lugar donde se encontraba Proserpina. En el carruaje se adivi- naba la silueta de un desconocido, ricamente ataviado, con una reluciente corona de dia- mantes en la cabeza. Tenía un aspecto refina- do y era bastante guapo, aunque parecía mal- humorado y descontento; pues no dejaba de frotarse los ojos, al tiempo que les daba som- bra con su mano, como si no estuviera acos- tumbrado a la luz del sol, y esta le desagrada- ra. En cuanto divisó a la asustada Proserpina, le hizo señas para que se acercara.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx