El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Sujetando el delantal lleno de flores con la mano izquierda, Proserpina agarró el arbusto, y tiró y tiró, pero este ni se movió del suelo. ¡Qué raíces tan profundas tenía! Y tiró y tiró nuevamente con todas sus fuerzas, y observó que la tierra empezaba a resquebra- jarse alrededor del tronco. Sin embargo, al in- tentarlo otra vez, creyó oír un ruido sordo justo debajo de sus pies. ¿Acaso aquellas raí- ces se extendían hasta alguna caverna encan- tada? Riéndose de las tonterías que se le ocu- rrían, decidió hacer un último esfuerzo para arrancar aquel arbusto de la tierra. Y Proserpi- na se tambaleó mientras sujetaba triunfal- mente el tronco, contemplando el profundo boquete que habían abierto sus raíces en el suelo. Para su gran asombro, el agujero empezó a hacerse cada vez más ancho y profundo; pare- cía no tener fondo. Y, durante todo aquel tiempo, un extraño ruido surgía de las profun- didades, cada vez más fuerte y cercano: recor-
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