El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Pero, nada más pronunciar esas palabras, la niña pensó: “¡Qué raro no haber visto antes esas flores! Si acabo de mirar precisamente allí”. Cuanto más se acercaba a aquel arbusto flori- do, más bonito le parecía; y sin embargo, al llegar junto a él, a pesar de que su hermosura era tanta que no podría describirse con pala- bras, no supo si realmente le gustaba o no. Tenía más de cien flores de brillante colorido, todas diferentes, aunque no dejaban de pare- cerse, como si fueran hermanas. Mas había un profundo brillo en sus hojas y en sus pétalos que llevó a pensar seriamente a Proserpina que podía ser un arbusto venenoso. A decir verdad, por muy extraño que parezca, estuvo a punto de darse la vuelta y salir corriendo. “¡Qué estúpida soy! -pensó, haciéndose la va- liente-. No hay duda de que es la más bella mata de flores que haya podido salir de la tie- rra. La arrancaré con raíces para plantarla en el jardín de mi madre”.
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