El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
sas, siguió alejándose más y más por los cam- pos, hasta que encontró algunas que la hicie- ron gritar de alegría. Jamás había visto unas flores tan primorosas: violetas espléndidas y olorosas, delicadas rosas de vivos colores, magníficos jacintos, aromáticas clavelinas y muchas, muchas otras variedades, algunas de las cuales parecían tener nuevas formas y colores. Dos o tres veces, además, creyó ver una mata de preciosos capullos brotando de la tierra justo delante de sus propios ojos, como si quisieran tentarla a dar unos pasos más. Y Proserpina no tardó en llenar su delantal, del que caían pétalos y más pétalos de gran belle- za. Y, cuando estaba a punto de regresar con las ninfas para sentarse a la orilla del mar y trenzar guirnaldas, ¿qué es lo que creéis que vio un poco más lejos? Pues un enorme arbus- to cuajado de flores, sin duda las más maravi- llosas del mundo. -¡Oh, qué hermosura! -exclamó Proserpina.
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