El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

siempre mojadas? Si no fuera así, parecería- mos un puñado de algas arrancadas del fondo del mar y puestas a secar al sol. -No sabéis cuánto me apena -afirmó Proserpi- na-. Pero, por favor, esperadme aquí; correré a llenar mi delantal de flores y habré vuelto antes de que las olas os hayan salpicado más de diez veces. Mi deseo es hacer para vosotras unas guirnaldas tan hermosas como este collar de conchas de colores. -Te esperaremos, entonces -respondieron las ninfas marinas-. Pero, mientras regresas, ire- mos a descansar a un banco de suaves espon- jas que hay en el fondo. El aire es hoy dema- siado seco para nosotras. Asomaremos de vez en cuando la cabeza por encima del agua para ver si ya estás aquí. La joven Proserpina se dirigió corriendo hacia un lugar donde, el día anterior, había visto muchas flores. Pero estas ya estaban empe- zando a marchitarse y, como su intención era regalar a sus amigas las más lozanas y hermo-

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