El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

corre a reunirte con tus compañeros en la po- cilga; si es un león, un lobo o un tigre, ve a au- llar con las bestias salvajes en la entrada del palacio; si es un zorro, demuestra tu habilidad para robar gallinas. Has bebido mi vino y no puedes continuar siendo un hombre. Pero la florecilla blanca tenía tanto poder que, en lugar de revolcarse por el suelo convertido en cerdo, o de adoptar cualquier otra forma animal, Ulises siguió en pie más apuesto y ma- jestuoso que nunca. Y, dando un manotazo a la copa mágica, la arrojó hasta el fondo de la sala. Entonces, desenvainó la espada, agarró a la hechicera por sus hermosos bucles, e hizo ademán de cortarle la cabeza de un solo tajo. -Malvada Circe -gritó con una voz que produ- cía espanto-, esta espada pondrá fin a todos tus conjuros. Estás a punto de morir, vil hechi- cera; y dejarás de hacer el mal, pues no permi- tiré que continúes tentando a los seres huma- nos para que caigan en sus peores vicios. La expresión del rostro y el tono de Ulises eran

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