El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
bronce mientras todas las serpientes de sus cabezas se revolvían con sorpresa y venenosa malicia, no sabiendo contra quién. Pero cuan- do las gorgonas vieron el escamoso cuerpo de Medusa sin cabeza, con las alas de oro eriza- das y caídas sobre la arena, fue realmente te- rrible oír sus alaridos. ¡Y las serpientes! Lanza- ron mil silbidos todas a un tiempo, y las ser- pientes de Medusa contestaron desde el saco mágico. Apenas estuvieron las gorgonas completamen- te despiertas, se levantaron en el aire blan- diendo sus garras de bronce, sus horribles dientes rechinaban y movían las alas tan furio- samente que se les desprendieron algunas plumas de oro y cayeron a la playa. Y puede que aún estén allí desparramadas. Las gorgo- nas se levantaron mirando horriblemente de un lado a otro con la esperanza de convertir a alguien en piedra. Si Perseo las hubiese mira- do o hubiese caído en sus garras, su pobre madre nunca habría vuelto a besarlo. Pero tuvo buen cuidado de volver la vista a otro
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