El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

del cuerpo. -¡Admirable…! -dijo Azogue-. Date prisa y mete la cabeza en el saco mágico. Con gran asombro de Perseo la bolsita borda- da que se había colgado del cuello aumentó lo bastante de tamaño para que cupiera en ella la cabeza de Medusa. Rápido como el pensa- miento la levantó cuando aún las serpientes se retorcían en torno a ella y la metió en el saco. -Tu misión está cumplida -dijo la voz serena-. Ahora vuela, porque las otras gorgonas harán todo lo posible para vengar la muerte de Me- dusa. Era verdaderamente necesario alzar el vuelo, porque Perseo no había realizado su hazaña tan silenciosamente que el ruido de la espada, el silbar de las sierpes y el golpe de la cabeza de Medusa, al caer sobre la arena batida por el mar, no hubiesen despertado a los demás monstruos. Se incorporaron un instante fro- tándose los ojos adormilados con los dedos de

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