El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Azogue continuó explicándole cómo debía comportarse, y le rogó que fuera prudente y valeroso. Asimismo, le aseguró que, a pesar del enorme poder de Circe, tenía muchas pro- babilidades de salir sano y salvo de su palacio encantado. Después de escucharle con aten- ción, Ulises dio las gracias a su buen amigo y continuó su camino. No había dado siquiera tres pasos cuando, recordando algo que había olvidado preguntar, se dio nuevamente la vuelta. Pero no logró ver a nadie allí donde unos momentos antes estaba Azogue; pues las alas de su sombrero y de sus sandalias, con la ayuda del bastón mágico, le habían llevado muy lejos en unos instantes. Cuando Ulises llegó a la entrada del palacio, los leones y demás bestias salvajes acudieron dando saltos a su encuentro, buscando sus ca- ricias y tratando de lamer sus pies. Él les ame- nazó con la enorme lanza, ordenándoles con dureza que se alejaran; pues sabía que en otros tiempos habían sido hombres ávidos de sangre y que, en el fondo de su malvado cora-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx