El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
greso, debéis izar las velas y zarpar, e intentar encontrar el camino de vuelta a nuestra pa- tria. Me siento responsable de la suerte que corran esos pobres marineros, que siempre estuvieron a mi lado en la batalla. ¡Hemos so- brevivido juntos a tantas tempestades! ¡Pre- fiero morir a volver sin ellos! De haberse atrevido, los hombres le habrían detenido a la fuerza. Pero el rey Ulises se limi- tó a fruncir severamente el ceño, amenazán- doles con su lanza. Al verle tan decidido a par- tir, se sentaron en la arena, sumamente des- consolados, mientras esperaban su retorno. Nada más alejarse unos pasos del borde del acantilado, Ulises vio el pajarillo color púrpura revoloteando hacia él. -¡Pío, pío, pío! -repitió, como si estuviera tra- tando por todos los medios de detenerle. -¿Qué quieres decirme, pajarillo? -preguntó Ulises-. Vas ataviado como un rey, de oro y púrpura, y llevas una corona dorada sobre la
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