El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
cabeza. ¿Acaso tienes tantas ganas de hablar conmigo porque yo también soy rey? Si cono- ces el lenguaje de los hombres, dime, ¿qué quieres que haga? -¡Pío! -se limitó a responder, dolorosamente-. ¡Pío, pío, pío! No hay duda de que su corazón albergaba una gran pena; y era realmente triste ver cómo ni siquiera tenía el consuelo de poder expresarla. Pero Ulises no disponía de tiempo para averi- guar aquel misterio, de modo que aceleró su paso. Mientras caminaba por la senda del bos- que, encontró a un joven de aspecto enérgico e inteligente, vestido de forma muy singular. Llevaba una capa corta y una especie de som- brero provisto de un par de alas; y su paso era tan ligero como si también tuviera alas en los pies. A fin de andar con mayor celeridad (pues siempre estaba viajando de un lugar a otro), el joven se apoyaba en un bastón alado, en el que se enroscaban y retorcían dos serpientes. Creo que ya he dicho lo suficiente para que
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