El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
y levantaban cien sibilantes cabezas sin abrir los ojos. -¡Ahora, ahora! -murmuró Azogue, que se iba impacientando-. ¡Hiere al mons- truo! -Pero con calma -dijo la voz, grave y melodio- sa, al lado del joven-. Mira tu escudo mientras vas volando hacia abajo, y ten cuidado de no errar el primer golpe. Perseo bajó, volando siempre cuidadosamente y sin apartar la vista del rostro de Medusa, re- flejado en su escudo. Cuanto más se acercaba, más terrible se iba volviendo el rostro, rodea- do de serpientes, y el cuerpo metálico del monstruo. Por fin, cuando estaba por encima de ella tan cerca que podía alcanzarla con el brazo, Perseo levantó la espada. En el mismo instante todas las serpientes que formaban la cabellera de la gorgona se alzaron amenazado- ras y Medusa abrió los ojos. Pero cuando des- pertó ya era demasiado tarde. La espada esta- ba muy afilada: el golpe cayó como un rayo y la cabeza de la horrible Medusa rodó separada
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx