El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pescado, carne asada, deliciosos guisos bien sazonados para todos los gustos, están listos para vosotros. Si tenéis hambre, venid conmi- go a la sala de los banquetes. Ante esta amable invitación, los hambrientos marineros mostraron una gran alegría; y uno de ellos, hablando en nombre de todo el grupo, aseguró a su hospitalaria anfitriona que para ellos cualquier hora del día era buena para comer, siempre y cuando tuvieran un poco de carne para el puchero y un buen fuego para prepararla. Así pues, la hermosa dueña del palacio les indicó el camino; y las cuatro jóvenes doncellas (la primera con el pelo color verde mar, la segunda con un corpi- ño de corteza de árbol, la tercera salpicando gotas de agua con la punta de sus dedos, y la cuarta con alguna otra extraña peculiaridad que ya he olvidado) también les acompaña- ban, metiéndoles prisa, hasta que llegaron a un magnífico comedor. Este había sido cons- truido en forma ovalada, y la luz entraba a raudales por una hermosa cúpula de cristal. A

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