El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Azogue le había aconsejado que puliese su es- cudo con tanto afán. En aquella superficie podía mirar con tranquilidad el reflejo del ros- tro de la gorgona. Y allí tenía el rostro terrible, reflejado en el lustre del escudo, con la luz de la luna de plano sobre él, revelando todo su horror. Las serpientes, cuya naturaleza vene- nosa no les permitía dormirse del todo, se le enroscaban por la frente. Era el rostro más fiero y más horrible que nunca se haya visto ni imaginado y, sin embargo, había en él una ex- traña, terrible y salvaje belleza. Los ojos estaban cerrados porque la gorgona dormía aún profundamente; pero sus faccio- nes estaban conturbadas por una expresión inquieta, como si el monstruo sufriese algún mal sueño. Le rechinaban los dientes y araña- ba la arena con sus garras de bronce. Las serpientes también parecían sentir el sueño de Medusa e inquietarse con él cada vez más. Se trenzaban unas con otras en nudos tumultuosos, se retorcían furiosamente
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