El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pañado por el ruido de un telar, ante el que la imaginaron sentada, tejiendo un hermoso bro- cado, al tiempo que sus dulces notas trenza- ban un rico paño de armonías. Cuando la música cesó, los hombres oyeron un coro de voces femeninas conversando alegre- mente; y, de vez en cuando, estallaban en so- noras carcajadas, como suele ocurrir siempre que tres o cuatro jóvenes se reúnen para hacer sus labores. -¡Qué canción más dulce! -exclamó uno de los viajeros. -Así es -asintió Euríloco, moviendo la cabeza-. Pero era más hermoso el canto de las sirenas, aquellas doncellas como pájaros que querían atraernos hacia las rocas, con el fin de que nuestras naves naufragaran y de que nuestros huesos yacieran para siempre en el fondo del mar. -Escuchad las bellas voces de esas doncellas y el sonido del telar cuando la lanzadera pasa el

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