El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Lo primero que vieron fue un amplio vestíbulo con una fuente en el centro, de la que brotaba un alegre chorro de agua que volvía a caer en la taza de mármol, con un incesante chapoteo. Aquel surtidor parecía cambiar constantemen- te de forma; y aunque se distinguía con poca claridad, no era difícil para una imaginación despierta adivinar las imágenes que allí apare- cían. A veces era un hombre con una larga tú- nica, y la espuma de la fuente recordaba a un tejido blanco; pero, de pronto, se convertía en león, o en tigre, o en lobo, o en asno, y a me- nudo parecía un cerdo, revolcándose en la taza de mármol como si estuviera en su pocil- ga. Desconozco si el fenómeno tenía un origen mágico o únicamente se debía a algún curioso mecanismo que daba a aquel surtidor tantas y tan variadas formas. Antes de que los foraste- ros pudieran contemplar con detalle el mara- villoso espectáculo, oyeron un dulce y armo- nioso sonido que captó toda su atención. Una voz de mujer cantaba melodiosamente en otra estancia del palacio; y su canto se veía acom-

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