El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pensar que todo eran pamplinas, excepto el palacio y el banquete que estaba a punto de servirse en él. Así pues, apresuraron sus pasos hacia el por- tón; sin embargo, cuando aún estaban atrave- sando el césped de la entrada, una manada de leones, tigres y lobos salieron a su encuentro. Los marineros retrocedieron con espanto, cre- yendo que iban a morir despedazados entre las fauces de aquellas bestias salvajes. Pero cuál no sería su sorpresa y alegría cuando vie- ron que estas se limitaban a hacer cabriolas a su alrededor, moviendo la cola e inclinando la cabeza para que los acariciaran, comportándo- se, en definitiva, de igual modo que los perros amaestrados cuando manifiestan gran felici- dad al encontrarse con su amo o con los ami- gos de este. El león de mayor tamaño lamió el pie de Euríloco; y cada uno de los demás leo- nes, lobos y tigres pareció escoger a uno de sus veintidós seguidores, dándoles tantas muestras de afecto como si los prefirieran a un hueso de vaca.

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