El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

sed, sin duda estaban mucho más alegres que antes. -Es como si supiera a vino de barril -afirmó uno de los marineros, relamiéndose los labios. -¡Date prisa! -gritaron sus compañeros-. En- contraremos el tonel de vino en el palacio, y eso será mejor que cien fuentes cristalinas. Entonces aceleraron el paso, dando brincos de alegría mientras pensaban en el suculento banquete al que iban a ser invitados. Pero Eu- ríloco les dijo que tenía la sensación de estar caminando en sueños. -Si realmente estoy despierto -continuó-, creo que estamos a punto de iniciar una aventura aún más extraña que la de la cueva de Polife- mo, o la de los caníbales gigantes de Lestrigo- nia, o la del palacio del rey Eolo, siempre azo- tado por el viento, en aquella isla de murallas de bronce. Me embarga esta especie de en- sueño siempre que va a ocurrir algo asombro- so. Si queréis seguir mi consejo, será mejor

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