El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
favorito, y habían engullido tales cantidades de ella a lo largo de su vida que gran parte de su propia sustancia parecía estar compuesta de tan sucio animal; y no cabe duda de que su tem- peramento y disposición también guardaban una gran afinidad con este. Un plato de vena- do, sin embargo, resultaba una comida bas- tante aceptable para ellos, especialmente des- pués de llevar tanto tiempo alimentándose de ostras y de almejas. Así pues, contemplando el ciervo muerto, palparon sus costillas como buenos expertos y, sin más pérdida de tiempo, encendieron con algunos leños un buen fuego para cocinarlo. Pasaron el resto del día cele- brando un gran festín; y, si aquellos insacia- bles comilones se levantaron de la mesa al po- nerse el sol, fue únicamente porque ya no les quedaban más bocados que arrancar a los huesos del pobre animal. Al día siguiente, tenían tanto apetito como de costumbre. Miraron a Ulises, como si espera-
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