El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ademán de continuar su camino, el pajarillo volvía a entonar aquel patético trino. -¿Deseas contarme algo, pajarillo? -preguntó Ulises. Y se dispuso a escucharle con atención; pues no solo en el asedio de Troya, sino también en muchos otros lugares, había visto ocurrir pro- digios semejantes, y no le habría extrañado demasiado que aquella pequeña criatura em- plumada rompiera a hablar con la misma clari- dad que él. -¡Pío! -cantó el pajarillo-. ¡Pío, pío, pío! -repitió una y otra vez con aire melancólico. Y, cada vez que Ulises daba un paso al frente, batía in- quietamente sus alas, intentando que retroce- diera. Al ver tan extraño comportamiento, de- cidió que el pequeño pájaro le avisaba de algún peligro, y que este debía ser muy terri- ble, puesto que movía incluso a una avecilla como aquella a sentir compasión por un ser humano.

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