El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
de la isla, divisó las majestuosas torres de un palacio de mármol blanco, construido en medio de un frondoso bosque. Las gruesas ramas de los viejos árboles cubrían la fachada del edificio, ocultándolo casi por completo; pero Ulises comprendió que aquel era un edi- ficio de extraordinaria belleza, con toda proba- bilidad la residencia de algún noble o príncipe importante. Lo que más le agradó, sin embar- go, fue contemplar la gran humareda que salía por la chimenea; pues sin duda provenía de la cocina, donde imaginó que estarían preparan- do un maravilloso banquete para los habitan- tes del palacio, así como para todos los visitan- tes que se acercaran a sus puertas a la hora de la cena. Ante tan grata perspectiva, decidió dirigirse a la entrada del palacio para comunicar a su dueño que, muy cerca de allí, había unos po- bres náufragos que apenas habían logrado comer algo en los dos últimos días, con la ex- cepción de unas pocas ostras y almejas, por lo que estarían sumamente agradecidos de reci-
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