El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nueva amiga Harmonía, rodeado de todos los lujos y de todas las comodidades, aunque ha- bría sido igualmente feliz (o quizá incluso un poco más) en una humilde cabaña a la vera de un camino. Pocos años después, era frecuente ver un alegre grupo de niños que correteaban por el inmenso pórtico y por las escalinatas de mármol (aunque nunca supe cómo habían lle- gado hasta allí), e iban corriendo a recibir al buen rey cuando este encontraba tiempo para jugar con ellos. A Cadmo le llamaban padre y a la reina Harmonía, madre. Y los cinco viejos guerreros surgidos de los dientes del dragón tomaron gran cariño a aquellos pequeños dia- blillos, y nunca se cansaban de enseñarles a esquivar estacazos, a esgrimir espadas de ma- dera y a desfilar como soldados, imitando el son de las trompetas o armando un estruendo espantoso con el retumbar de sus diminutos tambores. Pero el rey Cadmo, para evitar que la feroz na- turaleza de los dientes del dragón tuviera de- masiada influencia sobre los niños, acostum-

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