El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
reció brincarle dentro del pecho. Pues imaginó que aquella mujer era su hermana Europa, hacía tanto tiempo desaparecida, que se diri- gía a él para hacerle olvidar los largos años de peregrinaje desde que abandonara el palacio del rey Agenor, así como las lágrimas derrama- das al separarse de Fénix, de Cílix y del buen Taso, y el intenso dolor que le embargó junto a la tumba de su madre (que le hizo ver el mundo como un lugar sombrío y tenebroso). Sin embargo, al acercarse a la bella desconoci- da, se dio cuenta de que era la primera vez que veía su rostro, a pesar de que ya existía entre ellos una fuerte corriente de simpatía. -No, Cadmo -exclamó la misma voz que se había dirigido a él en el campo de batalla-. No es tu querida hermana Europa, a quien bus- caste fielmente cruzando el mundo entero. Es Harmonía, una hija del cielo; y ocupará en tu corazón el lugar de la hermana y del amigo, de los hermanos y de la madre. Y el rey Cadmo habitó en aquel palacio con su
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