El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
estaban despedazando a algún pobre mortal. Las serpientes que tenían por cabellos tam- bién parecían estar dormidas, aunque de cuando en cuando alguna se retorcía o alzaba la cabeza y sacaba su lengua ahorquillada, con un silbido adormilado y luego volvía con sus hermanas serpientes. Las gorgonas se parecían más a alguna tre- menda gigantesca especie de insecto - inmensas abejas con alas de oro o moscas-dra- gones o cosa por el estilo- que a ningún otro ser vivo; solo que eran como un millón de veces más grandes que cualquier insecto. A pesar de todo, había en ellas algo humano. Afortunadamente para Perseo, tenían la cara escondida por la postura en que se encontra- ban; porque, si las hubiese mirado un solo ins- tante, habría caído del aire con todo su peso, convertido en imagen de piedra. -Este -susurró Azogue, que seguía al lado de Perseo-, este es el momento que debes apro- vechar para tu hazaña. ¡Apresúrate, porque, si
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