El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

voz-. Si soltases una piedra, caería entre ellas. -Ya te dije que sería ella la primera en verlas - dijo Azogue a Perseo-. Y ahí están. Abajo, en línea recta a unos mil metros de dis- tancia, Perseo alcanzó a ver un islote y el cin- turón de espuma del mar alrededor de su costa, toda de rocas menos por un lado, donde había una playa de arena blanca como la nieve. Descendió y, mirando con atención hacia algo que brillaba, a los pies de un preci- picio de roca negra vio a las terribles gorgonas. Estaban echadas en el suelo, profundamente dormidas, arrulladas por el ruido atronador del mar; porque hacía falta un estruendo que hubiese dejado sordo a cualquier mortal para conseguir que se durmiesen aquellas criaturas terribles. La luz de la luna centelleaba sobre sus escamas de acero y sobre sus alas de oro, que caían perezosamente sobre la arena. Las garras de bronce, horribles, se agarraban a los fragmentos de la roca castigada por las olas, mientras las dormidas gorgonas soñaban que

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