El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

con el aplomo de un rey y de un gran caudillo, les ordenó: -¡Dejad vuestras armas! Los cinco hijos supervivientes de los dientes del dragón le obedecieron en el acto y, des- pués de dedicarle un respetuoso saludo mili- tar, envainaron sus espadas. Yformaron en fila delante de Cadmo, mirándole como a su capi- tán y esperando sus órdenes. Es muy probable que aquellos cinco hombres hubieran brotado de los colmillos más enor- mes del dragón, pues su fortaleza y valentía superaba con creces a las del resto del ejérci- to. Podría decirse sin exagerar que eran autén- ticos gigantes, pues de lo contrario no habrían sobrevivido a una lucha tan cruenta. Sus ojos conservaban un brillo feroz y, cuando Cadmo estaba distraído, no dejaban de lanzarse terri- bles miradas de odio unos a otros. Era extraño observar cómo la tierra que les había engen- drado aún seguía incrustada en sus corazas y ensuciaba sus rostros, al igual que una remola-

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