El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
batallas entabladas desde entonces, en las que los hombres acaban con la vida de sus herma- nos por algo tan nimio como lo harían aquellos hijos de los dientes del dragón. Tampoco de- bemos olvidar que ellos habían nacido única- mente para luchar, mientras los demás morta- les hemos venido al mundo para amarnos y ayudarnos los unos a los otros. Aquella memorable batalla no llegó a su fin hasta que la tierra estuvo cubierta de cabezas cercenadas, con sus yelmos. De los millares de guerreros que habían iniciado la lucha, solo cinco permanecían en pie; y todos ellos corrie- ron hacia el centro del campo para seguir combatiendo con sus espadas, dirigiéndolas al corazón de sus enemigos con la misma fiereza que antes. -Cadmo -se oyó decir a la misteriosa voz-. Obli- garás a esos hombres a abandonar la lucha. Ellos te ayudarán a construir una ciudad. Sin dudarlo un solo instante, el joven príncipe dio un paso al frente y, esgrimiendo su espada
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