El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Arroja una piedra en medio de esos hombres armados. El joven cogió un gran pedrusco y lo lanzó con- tra el terrible ejército, golpeando en la coraza a uno de sus feroces y gigantescos guerreros. Sin embargo, el soldado no pareció sorpren- derse del ataque y, levantando su arma, ases- tó un violento porrazo a su vecino más próxi- mo, derribándolo por tierra y rompiendo en dos su yelmo. Y todos empezaron a batirse con las espadas y a arrojar sus lanzas. La con- fusión fue cada vez mayor. Un hombre derri- baba a su hermano, pero otro se encargaba de aniquilarle a él antes de que pudiera celebrar su victoria. Entretanto, los que tocaban los cla- rines hacían sonar cada vez con mayor estri- dencia sus instrumentos, y los soldados lanza- ban su grito de guerra, cayendo a menudo muertos con él entre los labios. Era el espec- táculo más extraño jamás contemplado, toda aquella ira y aquella violencia sin sentido; y sin embargo, después de todo, tampoco era más insensato ni más cruel que las innumerables
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