El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

El sol caía oblicuamente sobre los campos y la tierra mojada brillaba, así como el terreno que el joven acababa de plantar. Y de pronto, Cadmo creyó ver algo que resplandecía, pri- mero en un rincón, luego en otro, hasta que pareció refulgir en más de mil lugares al mismo tiempo. No tardó en darse cuenta de que lo que surgía de la tierra eran puntas y más puntas de lanza, que crecían como espi- gas y alcanzaban cada vez mayor altura. Mo- mentos después, aparecieron un gran número de relucientes espadas, elevándose hacia el cielo. Más tarde, cientos de yelmos de bronce rompieron la corteza terrestre y brotaron de ella como una cosecha de gigantescas alubias. Y crecían a tanta velocidad que Cadmo no tardó en vislumbrar el fiero semblante de un guerrero bajo cada uno de ellos. Antes de que el príncipe pudiera salir de su asombro, vio una abundante cosecha de lo que parecían seres humanos, con yelmos y corazas, escu- dos, espadas y lanzas. Y todavía no habían ter- minado de surgir de la tierra y ya empezaban a

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx