El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
No puedes imaginarte lo sabia que es. Y ¡tiene unos ojos…! En este momento te ve como si no fuera invisible, y apuesto cualquier cosa a que ella es la primera que divisa a las gorgo- nas. En su rápido viaje por los aires ya habían llega- do a la vista del gran océano, y pronto volaron sobre él. A lo lejos, las olas se amontonaban tumultuosamente en medio del mar o se rom- pían formando una ancha franja de espuma sobre los peñascos de la orilla, con un fragor que en el bajo mundo parecía el del trueno, pero que en lo alto llegaba a oídos de Perseo como un murmullo suave, como la voz de un niño medio dormido. Precisamente en aquel momento una voz habló a su lado. Parecía de mujer y era melodiosa, aunque no precisa- mente dulce, sino grave y serena. -Perseo -dijo la voz-, ahí están las gorgonas. -¿Dónde? -exclamó Perseo-. ¡No las veo! -En la costa de esa isla, debajo de ti -replicó la
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