El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
nas concedió importancia al tamaño de las fauces del dragón o a sus innumerables y afila- dos dientes. Desenvainando la espada, se lanzó contra el monstruo y, sin pensarlo dos veces, se arrojó dentro de su cavernosa boca. La audacia del ataque cogió al dragón por sor- presa; pues Cadmo había dado un salto tan formidable que se encontraba en el fondo de su garganta y la bestia era incapaz de triturarlo con sus terribles hileras de dientes. Así pues, aunque la lucha fue singularmente violenta, y el dragón rompió en pedazos todos los árboles del pequeño bosque con los latigazos de su cola, el príncipe logró clavar varias veces su es- pada en los órganos vitales del miserable rep- til, que pronto se dio cuenta de que la vida se le escapaba. Todavía seguía luchando con fie- reza cuando el valiente Cadmo le asestó un golpe mortal que puso fin a la batalla; y, desli- zándose entre las fauces de la monstruosa criatura, el valiente joven regresó al exterior, donde contempló el temblor de aquel gigan- tesco cuerpo moribundo, al que quedaba tan
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