El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
despiadado reptil había dado muerte a sus po- bres compañeros, y se encontraba muy ata- reado devorándolos, aunque cada hombre no era sino un pequeño bocado para aquel mons- truo. Parece ser que el manantial estaba embrujado y que el dragón tenía orden de vigilarlo, impi- diendo que ningún mortal saciara en él su sed. Como los habitantes de la región tenían buen cuidado de no aparecer jamás por aquel lugar, hacía mucho tiempo (más de cien años) que el dragón estaba en ayunas; no es raro, pues, que su apetito fuera enorme. La verdad era que aquellos pobres hombres que acababa de zamparse no habían logrado quitarle el ham- bre; así pues, en cuanto vio que el príncipe se le acercaba lanzó otro abominable silbido y abrió sus gigantescas fauces hasta convertir su boca en una enorme caverna roja, en cuyo fondo aún podían contemplarse las piernas de su última víctima (pues casi no había tenido tiempo de tragársela). Pero Cadmo estaba tan furioso por la muerte de sus amigos que ape-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx