El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Sus compañeros asintieron con gran alegría, y decidieron buscar la forma de aplacar su ham- bre y su sed. No muy lejos, oyeron el rumor de un manantial que fluía entre los árboles de un pequeño bosque, por lo que se dirigieron allí en busca de agua fresca. Y dejaron a Cadmo tendido junto a la vaca pinta, pues, desde que había encontrado un lugar donde vivir, todo el cansancio acumulado desde que abandonara el palacio del rey Agenor parecía haberse aba- tido de golpe sobre él. Sin embargo, nada más quedarse solo, el joven oyó unos lamentos, gritos y alaridos que le sobresaltaron. Creyó oír el fragor de un terrible combate y, en medio de todo aquel estruendo, un espantoso silbido estuvo a punto de perforar sus oídos. Incorporándose de un salto, corrió hacia los árboles, entre los que vio surgir la cabeza y los feroces ojos de un gigantesco dragón o ser- piente, con las fauces más enormes jamás vis- tas en dragón alguno, con incontables hileras de dientes increíblemente afilados. Pero, antes de que Cadmo pudiera alcanzarlo, el
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx