El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Y el pobre Cadmo supo que aquel sería su hogar. Y sintió una enorme alegría al saber que cuando amaneciera no tendría que calzar- se las sandalias y seguir errando por el mundo. Pasarían los días y los años, y él continuaría en aquel hermoso paraje. Si hubiese podido tener con él a sus hermanos y a su fiel amigo Taso, si hubiera podido cuidar allí a su querida madre, habría sido un hombre completamente feliz, a pesar de todas las penalidades vividas. Y un día cualquiera, Europa habría podido aparecer en el umbral de su casa, sonriendo a todos aquellos rostros familiares. Sin embargo, como no cabía la menor esperanza de recuperar a los amigos de su niñez o de volver a ver a su querida hermana, el príncipe decidió ser feliz con sus nuevos compañeros, que tanto afecto le mostraban desde que habían empezado a seguir juntos a la vaca encantada. -Sí, queridos amigos -les dijo-. Nos establece- remos aquí. La vaca pinta nos proporcionará leche, cultivaremos los campos y llevaremos una vida sencilla y dichosa.

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