El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

gía los caminos más agrestes, y a veces se veían obligados a trepar por las rocas, a atra- vesar senderos cubiertos de fango, empapa- dos hasta los huesos, exhaustos y terriblemen- te hambrientos. ¡Aquello sí que resultaba ago- tador! No obstante, continuaron avanzando con deci- sión mientras conversaban. Los forasteros to- maron gran cariño a Cadmo y decidieron no abandonarlo nunca. Le ayudarían a fundar una ciudad en el lugar donde la vaca se tendiera; y en el centro, edificarían un majestuoso palacio donde el joven viviría como su rey, con un trono, una corona, un cetro, un manto color púrpura y todo lo que un verdadero monarca precisara. Pues todo en él era real: por sus venas corría sangre azul, tenía el más bonda- doso de los corazones y una gran inteligencia para gobernar. Mientras planeaban la construcción de la nueva ciudad para entretenerse, un miembro del grupo miró casualmente a la vaca.

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