El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Asimismo, recordó las palabras del oráculo, que le había ordenado dejarse guiar por una vaca y preguntó a aquellos desconocidos si, en su opinión, aquel podía ser el famoso animal. -Lo cierto es que hay algo prodigioso en todo esto -respondió uno de sus nuevos compañe- ros-. Conozco bien las costumbres del ganado y nunca había visto una vaca que, por volun- tad propia, recorriera tantos kilómetros sin de- tenerse a descansar. Si mis piernas no me fa- llan, iré tras ella, hasta que se tienda en la hierba. -Yo también iré con vosotros -exclamó otro. -Y yo -añadió un tercero-. No dejaría de seguir- la aunque caminara cien kilómetros más. Debéis saber que aquella vaca estaba encanta- da y atraía con su magia a los que se le acerca- ban. Y, a pesar de que todos creían ir volunta- riamente tras ella, la realidad era que habían sucumbido a su embrujo. En cualquier caso, la vaca no parecía facilitarles las cosas, pues ele-

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