El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
cuando entraban en ella se mojaban y tenían frío por la niebla gris. Pero su vuelo era tan veloz que en un instante salían de la nube otra vez a la luz de la luna. Una vez pasó casi rozan- do a Perseo un águila que volaba muy alto. Lo más hermoso de todo lo que vieron fueron los meteoros, que resplandecían repentinamente como si en los aires estallaran fuegos artificia- les y hacían palidecer la luz de la luna en mu- chos kilómetros a la redonda. Mientras los dos compañeros volaban uno junto a otro, Perseo creyó oír a su lado -el lado contrario a aquel en que veía a Azo- gue- un ligero rumor como el roce de un vesti- do. Miró con atención, pero no vio nada. -¿De quién es este vestido -preguntó-, que pa- rece moverse a mi lado con la brisa? -¡Oh! ¡Es el de mi hermana…! -respondió Azo- gue-. Viene con nosotros, como ya te había anunciado. Nada podríamos hacer si mi her- mana no nos ayudase.
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