El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

demás vacas, cuya única función era llenar cubos y más cubos de leche y, a veces, volcar- los de una patada. Pero el animal siguió ade- lante, espantando las moscas con su cola, pa- sando por alto la presencia del joven. Si este andaba despacio, la vaca le imitaba, aprove- chando la oportunidad para pastar un poco; por el contrario, si Cadmo aceleraba el paso, la vaca iba a mayor velocidad. En una ocasión, el joven príncipe intentó correr tras ella para atraparla, pero la vaca pinta levantó el rabo y se lanzó al galope, componiendo una estampa bastante grotesca (como todas las vacas cuan- do salen espantadas). Cuando Cadmo vio que era imposible darle al- cance, aminoró la marcha. Entonces la vaca reanudó su ritmo pausado y continuó su ca- mino sin mirar atrás. En los lugares donde la hierba era más verde, se detenía a pastar; y, cada vez que divisaba un arroyo cristalino, se dirigía a él para apagar su sed, soltando gran- des suspiros de satisfacción entre trago y trago. Y andaba y andaba con aquel paso tran-

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