El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

apareció ante sus ojos, y caminó lentamente hacia delante; pues habría sido ridículo apre- surarse ahora que no tenía nada que hacer. Y, siempre que se cruzaba con alguien, la vieja pregunta acudía a sus labios: -¿Has visto a una hermosa doncella, ataviada como la hija de un rey, a lomos de un toro blanco como la nieve que galopa veloz como el viento? Sin embargo, recordando lo que le había vati- cinado el oráculo, dejaba las palabras a medio pronunciar; por lo que no sería de extrañar que más de una persona pensara que aquel apuesto joven había perdido el juicio. No sabría deciros cuántos kilómetros recorrió (ni creo que él tampoco lo supiera) antes de encontrarse cerca de una vaca pinta, que ru- miaba tendida a la vera del camino, y que no pareció advertir la presencia del joven hasta que estuvo casi a su lado. Entonces, poniéndo- se en pie con lentitud y levantando suavemen- te la cabeza, empezó a andar con parsimonia,

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