El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
¡Sigue a la vaca! Cuando Cadmo no pudo soportar más estas palabras (porque era incapaz de comprender de qué vaca hablaba y por qué tenía que per- seguirla), el oráculo vaticinó: -Allá donde se tienda la vaca extraviada, halla- rás tu hogar. Y antes de que Cadmo pudiera estar bien se- guro de lo que acababa de oír, estas palabras se desvanecieron en el aire como un murmu- llo. Intentó hacer nuevas preguntas, pero estas quedaron sin respuesta; y lo único que podía oírse era el viento que parecía surgir de las entrañas de la cueva, llevando de un lado a otro las hojas marchitas. “¿Será cierto que el oráculo ha pronunciado tan extrañas palabras? -pensó el joven-, ¿o se tratará de un sueño?”. Y se alejó de aquel lugar, tan confundido como antes de su llegada. Todo parecía darle igual, de modo que tomó el primer sendero que
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