El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

do. Repetía una y otra vez las mismas palabras, aunque se asemejaba tanto al suave murmullo de un soplo de aire que el joven se preguntó si no sería solo fruto de su imaginación. -¡Abandona su búsqueda! ¡Abandona su bús- queda! ¡Abandona su búsqueda! -¿Y qué debo hacer entonces? -inquirió el prín- cipe. Pues el único objetivo de su existencia había sido encontrar a la pequeña Europa; desde el instante en que, siendo un niño, dejó de per- seguir a una mariposa cerca del palacio de su padre, había dedicado todos sus esfuerzos a la búsqueda de la niña, cruzando tierras y mares. Por eso, ahora que debía abandonar, sentía que su vida no tenía el menor sentido. Mas la ráfaga de viento pareció convertirse en una ronca voz. -¡Sigue a la vaca! -decía-. ¡Sigue a la vaca!

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