El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Cuando hubieron subido unos cuantos metros, el joven empezó a sentir lo delicioso que era dejar abajo la tierra dura y poder volar como un pájaro. Era ya completamente de noche. Perseo miró al cielo y vio la redonda, brillante y plateada luna, y pensó que le gustaría más que nada le- vantar el vuelo, llegar a ella y pasarse allí la vida. Entonces miró de nuevo hacia abajo y vio la Tierra con sus mares y sus lagos, el curso de plata de los ríos, los nevados picos de sus montañas, lo ancho de sus campos, la mancha oscura de sus bosques, sus ciudades de már- mol blanco. Y, con la luz de la luna cayendo sobre ella, la Tierra era tan hermosa como pudiera serlo la luna misma o cualquier otra estrella. Y, sobre todo, vio la isla de Serifo, donde estaría su querida madre. Algunas veces, se acercaba con Azogue a una nube que, de lejos, parecía estar hecha de vellones de plata, aunque

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