El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

le hizo comprender que era una suerte para ella abandonar aquella vida, pues, desde que desapareciera la pequeña Europa, no había conocido sino el dolor, la fatiga y las más crue- les decepciones. El joven príncipe contuvo su dolor y escuchó con atención sus últimos de- seos. -Mi muy amado Cadmo -susurró Telefasa-, has sido el mejor de los hijos, cariñoso y leal hasta mis últimos momentos. ¿Quién habría sopor- tado como tú todas mis enfermedades? Solo gracias a tus cuidados, no fui enterrada en un lejano lugar, hace muchos, muchos años. Pero ya has hecho bastante. Deseo que abandones esta búsqueda sin esperanza. Cuando me hayas dado sepultura, dirígete a Delfos y pre- gunta al oráculo por tu futuro. -¡Madre, madre! -sollozó Cadmo-. ¡Ojalá hu- bieras podido ver a tu hija antes de morir! -Poco importa ahora -respondió Telefasa, y una sonrisa apareció en su rostro

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